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Como tener una vida sana y saludable

Como tener una vida sana y saludable

Los que me seguís regularmente sabéis que el único camino para lograr una meta a nivel físico de manera eficaz es contar con el asesoramiento adecuado, pero… ¿qué ocurre cuando los resultados no llegan a pesar de que entrenamos con la ayuda de un experto?

Este fin de semana un buen amigo me decía: “Alex, te prometo que desde que terminó el verano estoy entrenando tres días a la semana sin fallar, y cumplo con la programación tal y como me la manda mi entrenador, pero sigo sin bajar de peso. No lo comprendo, ¿qué estoy haciendo mal?”.

A priori podríamos pensar que el entrenamiento prescrito para esta persona no era el más apropiado, o que el entrenador no estaba dando con la tecla adecuada, pero esto que le ha sucedido a mi amigo, le pasa también a otras personas que no terminan de conseguir lo que persiguen. En la mayoría de ocasiones, los motivos o causas del problema no están directamente relacionadas con el plan de entrenamiento.

Me explico. En el caso, por ejemplo, de la pérdida de peso, lo primero que debemos hacer es conseguir un balance energético negativo, es decir, que debemos gastar más calorías a diario de las que ingerimos a través de nuestra dieta. El entrenamiento será sin duda uno de los principales responsables del gasto energético, pero no es ni mucho menos el principal.

 

El gasto energético de una persona se origina fundamentalmente por 3 vías:

– La primera es el gasto energético en reposo o metabolismo basal, que es la energía que consumimos para mantener nuestras funciones vitales y que nuestros órganos trabajen correctamente. Supone entre el 60% y el 75% del gasto total diario.

– La segunda es el gasto energético derivado de la actividad física que realizamos, y aquí no hablamos sólo de entrenamiento, sino también del gasto que suponen todas las actividades de nuestro día a día: tareas del hogar y el trabajo, desplazamientos… El porcentaje de gasto derivado de la actividad física varía significativamente de una persona a otra, y representa entre un 15 % y un 30% del total.

– Por último, el efecto térmico de los alimentos, que es el gasto que conlleva la digestión, absorción y asimilación de los nutrientes. Es un 10% del total, aproximadamente.

Con esto espero que comprendáis que, además de seguir un plan de entrenamiento correcto, es fundamental que vigilemos de cerca nuestra alimentación y nuestros hábitos en general. Cosas relativamente simples como no coger el ascensor, caminar a diario, descansar bien, hidratarse y alimentarse correctamente, etc, etc., son fundamentales a la hora de conseguir nuestros objetivos.

Un buen entrenador nos puede orientar a la hora de ir estableciendo o cambiando nuestros hábitos, pero no lo dudéis, el éxito estará precisamente en que esas indicaciones se conviertan en hábitos, y no en algo que hacemos esporádicamente. Subir 5 plantas andando un día no es gran cosa en términos de gasto energético, pero hacerlo todos los días de la semana sí que supone un gasto a tener en cuenta con el paso del tiempo.

¿Os atrevéis a ir modificando vuestras costumbres? Espero que sí 😉

¡¡Buena semana!!